Cada siete olas by Daniel Glattauer

Cada siete olas by Daniel Glattauer

autor:Daniel Glattauer
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela
ISBN: 9788420406398
editor: ALFAGUARA
publicado: 2010-11-10T05:00:00+00:00


Capítulo 11

* * *

Al día siguiente

Asunto: ¡Mi propuesta!

Buenos días, querida Emmi.

Te hago una propuesta para organizar virtualmente la próxima semana y media: cada uno puede hacerle al otro una pregunta al día y debe contestar la pregunta del otro. ¿Estás de acuerdo?

Veinte minutos después

Re:

¿Cuándo se te ha ocurrido esa abstrusa idea, amigo mío?

Tres minutos después

Fw:

¿Ésa ha sido tu pregunta de hoy, amiga mía?

Cinco minutos después

Re:

¡Un momento, Leo! Yo no he dicho que estuviera de acuerdo. Sabes que me gusta jugar, de lo contrario no llevaría dos años aquí sentada. Pero este juego está todavía verde. ¿Qué hacemos, por ejemplo, si a partir de tu respuesta a mi pregunta necesito hacer otra pregunta para aclarar una duda?

Un minuto después

Fw:

Puedes hacerla al día siguiente.

Cincuenta segundos después

Re:

¡Eso es injusto! Lo único que quieres es que el tiempo entre «Pam» y yo transcurra más deprisa, para que los días de las últimas anotaciones dialógicas de tu diario pasen de una vez.

Cuarenta segundos después

Fw:

Lo siento, Emmi. Pero así es el juego. Lo sé muy bien, porque lo he inventado yo mismo. ¿Empezamos?

Un minuto después

Re:

Un momento. ¿Se puede no contestar una pregunta?

Cincuenta segundos después

Fw:

¡No, no vale no contestar! A lo sumo responder con una evasiva.

Treinta segundos después

Re:

Entonces tienes ventaja, llevas veinticinco meses entrenándote.

Cuarenta segundos después

Fw:

Querida Emmi: ¿Empezamos ahora?

Treinta segundos después

Re:

¿Y qué pasa si digo que no?

Dos minutos después

Fw:

En ese caso, esta última sería al mismo tiempo tu pregunta y tu respuesta de hoy. Y mañana volveríamos a leernos.

Un minuto después

Re:

Si no fueras Leo Leike, al que con mis propios ojos he visto suspirar en la mesa de un café con otros ojos muy distintos, cuando daba cualquier cosa por ser tan encantador que hubiese podido competir con mi ideal de él, si no fueras Leo Leike, te diría: ¡eres un sádico! Así pues, ¡pregunta! (¡Pero haz el favor de no preguntarme qué llevo puesto!)

Emmi

Tres horas después

Asunto: Primera pregunta

Aún sigo esperando tu pregunta, amigo mío. ¿No se te ocurre nada? Por cierto, ¡ésa no ha sido mi pregunta! Mi pregunta es la siguiente: «Querido Leo, en tus últimas manifestaciones escritas en estado de coma etílico sobre ti y P..., P..., Pamela, afirmaste que hacíais buena pareja. ¿Por qué lo dices? Te ruego que me lo expliques con más detalles».

Cinco minutos después

Fw:

Mi pregunta para ti es la siguiente: «¿Volverías a hacerlo?».

Quince minutos después

Re:

Muy astuto, Leo. Así que el significado del «lo» puedo escogerlo yo misma, y cuidadito con elegir mal, porque entonces acabaré cargando con él para siempre, pese a haber sido tú quien «lo» quería averiguar sin falta. Si en lugar de ser Leo, fueses cualquier otro hombre, estaría muy claro que «lo» sólo puede referirse a sexo. En nuestro caso: la «visita» que te hice, mi decepción, mi desesperación, mi salvajismo y, como resultado de todo ello, el «lo». Si te refirieras a ese «lo», mi respuesta sería: no. ¡No volvería a hacerlo! Querría no haberlo hecho nunca. Pero como eres Leo Leike, es evidente que con ese «lo» no te refieres a sexo, sino a algo distinto, más grande, más sublime, más valioso.



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